Lugares de interés de Tarragona

A continuación os muestro una pequeña selección de lugares patrimoniales que deberíais de visitar si os encontráis en Tarragona.

Catedral de Santa María de Tarragona
Torre dels Vents
Murallas de Tarragona
Acueducto de Las Arcadas
Circo romano de Tarragona
Teatro romano de Tarragona
Casa de la «Punxa» (Cámara de Comercio de Tarragona)

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Catedral de Santa María de Tarragona

La Catedral de Santa María es una catedral construida en el estilo gótico temprano. Se encuentra situada en la parte más alta de Tarragona, sobre un lugar que ya ocuparon con anterioridad un templo dedicado al culto imperial romano (se creé que podría estar ubicado en esa zona el templo de Augusto), una catedral visigótica y una mezquita árabe.

En su estado actual corresponde al periodo de transición entre el románico y el gótico, y se comenzó su construcción con los fondos donados por el arzobispo Hugo de Cervellon y miembros de la corona en el 1171.

Inicialmente estaba prevista como una única nave, con un gran ábside, muros robustos y básicamente correspondiente a un estilo románico, pensada además como elemento defensivo y, por ello mismo, provista de matacanes, almenas y camino de ronda, así como ventanas elevadas, fuera del alcance del enemigo.

Catedral de Tarragona

Hacia el año 1195 se produjo un cambio sustancial en el planteamiento de las obras, magnificándolas, lo que produjo fuertes problemas de tipo social en la ciudad, al quejarse los ciudadanos de Tarragona de los elevados gastos que comportaban las obras, gastos que debían ser sufragados con los correspondientes impuestos, lo que hizo que en 1214 el arzobispo de Tarragona decretase la voluntariedad de las aportaciones a las obras.

La cabecera primitiva estaba formada por tres ábsides escalonados que llegan hasta la altura donde se construyeron capiteles que aún hoy se conservan, pero que perdieron su funcionalidad cuando se elevaron los muros de la catedral para construirle su crucero. Hoy la cabecera posee un profundo presbiterio que tiene de base el ábside de dos tramos.

Fue inaugurada en 1230, aunque hasta el año 1305 el obispo Roderic Tello no se hizo cargo del pago del penúltimo tramo de la nave central, consagrando definitivamente la nueva catedral el arzobispo Juan de Aragón y Anjou, hijo de Jaime II, en junio del año 1331.

Catedral de Tarragona de nit

Fue durante el siglo XIV cuando se incorporaron la fachada occidental y el cierre de las bóvedas contiguas. Como era habitual en la construcción de las catedrales, las obras continuaron varios siglos más (hasta el siglo XVIII) con construcciones en el interior y en las dependencias del claustro de capillas en los estilos gótico, renacentista y barroco.

El interior de la catedral es un templo de transición del románico al gótico. La nave central tiene una altura de veintiséis metros más doce del cimborio, por 16,50 metros de anchura. Las naves laterales miden trece metros de altura por 8,25 de anchura. La longitud es de unos cien metros desde el hastial hasta la cabecera.

Consta de planta basilical de cruz latina con tres naves y transepto bien definido que sobresale de las naves pero con brazos desiguales debido al claustro que se haya en la parte septentrional así como la absidiola de este mismo lado también es desigual a su pareja del lado opuesto. La cabecera contiene tres ábsides semicirculares escalonados con presbiterios profundos, destacando el central. El ábside central tiene tres ventanas en su parte inferior y siete en la superior de forma apuntada.

Sobre el tramo siguiente al ábside del lado de la Epístola se halla ubicada la torre del campanario.

Catedral de Tarragona

Las naves están cubiertas con bóvedas de crucería de nervios moldurados sostenidos por pilares cruciformes con columnas adosadas por parejas y con capiteles decorados con reminiscencias del arte hispano-musulmán sobre los que reposan los arcos fajones y formeros de las bóvedas. Las ventanas se presentan principalmente de dos tipos las románicas con arquivoltas y las góticas con vitrales de tracerías caladas.

Las capillas laterales del templo son numerosas e interesantes, cabe destacar la de la Inmaculada Concepción de María.

La sillería del coro fue labrada durante catorce años, desde 1478 a 1492, por el escultor zaragozano Francisco Gomar con roble de Flandes.

El 3 de abril de 1905 fue declarada Monumento Nacional.

Las obras de restauración y conservación se han llevado a cabo entre los años 1999 y 2001 por los arquitectos Joan Figuerola y Joan Gavaldá, así como posteriores campañas de excavaciones arqueológicas y restauración de capillas. Tras una prospección geofísica en el subsuelo de la catedral, en el año 2007, se han hallado indicios que bajo la misma se encuentra el templo romano dedicado a Augusto (63 a. C. – 19 d. C.) situado bajo la nave central.

Des del tejado de la Catedral.

La información redactada en este Artículo ha sido extraída de las siguientes páginas: Wikipedia, ArteHistoria, Arteguias.

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Torre dels Vents

La Torre dels Vents (Torre de los Vientos) es una estatua/estructura metálica situada en el final de la Rambla Francesc Macià, concretamente en la Plaza de las Cortes Catalanas. Se podría decir que esta torre, es el punto y final de un ambicioso proyecto del consistorio Tarraconense, en realizar un eje central de 2 kilómetros que atravesará la ciudad de Tarragona, y que tiene su inicio en el Balcón del Mediterráneo, y el cual todo este tramo finalizado lleva por nombre la Rambla de Tarragona.

Torre del vent Torre dels Vents Torre amb el violeta pujat

Esta rambla esta dividida en tres partes principales: la Rambla Nueva (iniciada su construcción en el sXIX), que iría desde el balcón a la Plaza Imperial Tarraco; la Rambla Lluís Companys que continuaría hasta la Plaza de la Generalitat; y por último la Rambla Francesc Macià que desembocaría en la Plaza de las Cortes Catalanas, donde esta ubicada la Torre dels Vents. El ambicioso proyecto de construir este largo eje iniciado en 1994, por fin llegaba a su fín en el 2006, con la colocación de la Torre dels Vents.

Francesc Macià - Torre dels Vents

Esta torre es obra del escultor de Vila-seca, Antoni Mas Castelltort, y la cuál esta formada por un gran prisma que culmina en un arco ovalado, el cual tiene la particularidad que va girando según sea la dirección del viento, con una altura total de 32 metros. Como anécdota, decir que esta escultura iba a recibir el nombre d’Encis bellugadís (Encis movedizo), a propuesta del artista, pero el alcalde de la ciudad, en aquel momento Joan Miquel Nadal optó por un nombre más popular, Torre dels Vents.

Pero realmente uno de sus mayores atractivos de la obra se encuentra en su iluminación interna y que se puede observar al llegar la noche. El complejo sistema de iluminación fue importado de Estados Unidos, el cual permite ofrecer una gran cantidad de secuencias de iluminación, dando a la torre un aspecto completamente diferente según el momento y lugar desde donde sea observada.

Información extraída de la Wikipedia i la  Web de la rambla.

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Murallas de Tarragona

En el siglo II aC se dotó Tárraco de una gran muralla que delimitaba el perímetro urbano. Su longitud era de unos 3.500 m, de los cuales actualmente se conservan 1.100 m, que circundan el casco antiguo. Las murallas son la construcción arquitectónica romana más antigua de todas las que se conservan fuera de Italia. Entre los siglos XVI y XVII se reforzaron con bastiones, la falsa braga y los fortines exteriores con el fin de adaptar las defensas de Tarragona a la artillería. El Paseo Arqueológico circula entre la muralla romana y la falsa braga moderna, entre jardines, poesías románticas y explicaciones históricas. Destacan la Torre del Arzobispo, con notables reformas medievales, y la de Minerva, que contiene la escultura y la inscripción romanas más antiguas de la Península Ibérica.

Murallas de Tarragona Murallas de Tarragona

La Muralla fue la primera gran construcción que los romanos llevaron a cabo, poco después de establecerse en el lugar. Este asentamiento militar primigenio fue el origen de la futura ciudad de Tárraco. Hay que suponer que la primera muralla debía consistir en una simple estacada de madera. El hecho de que rápidamente el núcleo se convirtiera en punto de entrada para la llegada de refuerzos desde Roma se tradujo, en el ámbito urbanístico, en la necesidad de fortalecer las defensas que había hasta entonces. Así pues, entre los años 217 y 197 aC se levantó la primera muralla de piedra.

Murallas de Tarragona Murallas de Tarragona

Desde un punto de vista arquitectónico, consiste en lienzos ciclópeos reforzados con torres en los puntos más vulnerables. La altura de los muros perimetrales era de 6 m y el grosor de 4,5 m., con torres más altas. Se conservan de esta época tres torres: Arquebisbe, Cabiscol y Minerva.

Murallas de Tarragona Murallas de Tarragona

La opinión más extendida es que alrededor de 150/125 aC la muralla se transformó, y creció en extensión, altura y grosor. De esta forma pasó a englobar toda la ciudad hasta el puerto. Hay que pensar que, a partir de este momento, la muralla ya no cumplió una función meramente defensiva sino que se convirtió en el elemento definidor del espacio urbano. La muralla de la segunda fase presenta un basamento megalítico más bajo, entre 1,5 y 2 m de altura (una o dos hileras de piedra). Por encima de éste, la construcción se levanta mediante paramentos de sillares formando compartimentos.

La Información ha sido extraída de: Patronat Municipal de Tarragona y Museu d’Història de Tarragona, y por tanto pertenece a sus autores.

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Acueducto de Las Arcadas

En época romana, la vieja ciudad de Tárraco llego a ser una de las mas importantes ciudades del imperio. Los casi 25.000 habitantes (valor en el pleno apogeo de la ciudad, situado entre el siglo II y III dC) requerían de grandes cantidades de agua para poder subsistir. Es por ello que la ciudad estaba abastecida de este preciado líquido, con la ayuda de 3 acueductos de dimensiones espectaculares.

Por desgracia, en la actualidad sólo queda parte de uno de esos acueductos, unos 220 metros aproximadamente situados a escasamente 3 kilómetros del casco antiguo, y que ya os he hablado anteriormente en este blog, el Acueducto de las Ferreras, conocido popularmente como el “Puente del Diablo”.

Pero la historia de los acueductos en Tarragona no se acaba allí, ya que si andáis por las cercanías del campo de fútbol del Nàstic de Tarragona, encontrareis los resquicios de un nuevo acueducto. Muchos de los habitantes de Tarragona se creen que dicha estructura también es romana, ni mucho menos.

Acueducto de las ArcadasEste acueducto llamado de Las Arcadas, tiene una historia mucho más reciente. Su construcción es del siglo XVII, y tenía como objetivo traer agua a una ciudad con grandes problemas de suministro, desde las fuentes situadas en el Santuario del Loreto.

El Acueducto de Las Arcadas tiene una espectacular historia detrás, y que os detallo gracias a un artículo magnifico de Jordi Rovira Soriano aparecido en La Vanguardia (15-05-2009) que os transcribo a continuación.

Antiguo acueducto (Las Arcadas)

«Quién no ha visto al lado de la carretera nacional a su paso por el tramo del desvío de Tarragona, junto a unas antiguas canteras y no lejos del campo del Nàstic, un acueducto de buena factura y equilibrada composición. Mucha es la gente que cree que se trata de un monumento romano de época imperial, y más de uno le ha confundido con el conocido Puente del Diablo.

Hay postales antiguas y más de un guía turístico despistado que lo han presentado como uno de los monumentos romanos del patrimonio de la humanidad. Sin embargo, aquel es un acueducto moderno que se vio frustrado en su misión ya que nunca llegó a llevar agua a la ciudad. Corría el año 1434, en tiempos del arzobispo Domingo Ramos, cuando la escasez de agua en la ciudad era tan notable que los tarraconenses, queriendo buscar soluciones al problema, pensaron en llevar la de la fuente del Loreto, entonces llamada de las Morisques. Con esta intención se presupuesta la realización de un conducto de madera desde la ciudad hasta la fuente que se valoró en 400 florines, toda una fortuna de la época. A duras penas se hicieron gestiones para la ejecución de esta obra a lo largo del siglo XV. Pero sería en 1606 cuando se abrirían nuevas minas en la Fuente del Loreto que facilitarían la construcción en el año siguiente de un acueducto desde ese lugar hasta la ciudad. Parece que el acueducto de madera tuvo momentos de uso, pero no sólo su mantenimiento era muy complicado sino que la vegetación se apoderaba en poco tiempo.

El siete de mayo de 1607 llegaba por fin del agua a través de un nuevo acueducto, esta vez de piedra. La alegría inicial de los tarraconenses se fue desvaneciendo pues el caudal que llegaba era escaso y la presión insuficiente para abastecer a la población. Los cálculos se habían hecho mal y hacían imposible rentabilizar la obra. Así, aquel acueducto quedó inservible en este valle cerca de la muralla de la ciudad y se convirtió en el mudo testimonio de la voluntad de los tarraconenses de resolver su abastecimiento de agua. En 1703 un ingeniero francés que vivía en Reus consigue volver a conducir agua desde el Llorito a Tarragona, hasta la plaza de las Cols. Pero aquella obra no fue definitiva ya que en 1711, en ​​plena época de la guerra de Sucesión, el municipio contactaba con Joan Grül, un ingeniero militar, para llevar a cabo las obras de conducción del agua del Loreto en la ciudad. El proyecto debía concluir en el plazo de un año y tendría un coste estimado 300 dobles. A pesar de todo los primeros días de 1713 Grül acudía al municipio para comunicar que se marchaba a Valencia y que dejaba encargado del proyecto de llevar agua del Loreto a José Boy, un ingeniero mucho más eficaz en reunir en un libro las antigüedades de Tarragona que en resolver la problemática del agua. A mediados de ese año Boy también estaba destinado a Valencia y se desvanecían de nuevo las expectativas de volver a poner en uso ese acueducto.

La opción de llevar agua de la montaña del Loreto se acabó por desestimar y en 1781 se iniciaron los trabajos de un nuevo acueducto. Entonces la cordura se impuso y ante la dificultad de emprender una obra tan compleja se empezó por hacer trabajos de reconocimiento sobre el terreno de los vestigios del acueducto romano. Copiando a los romanos parecía que el éxito en la misión estaría garantizado. En 1782 el conde de Floridablanca escribía al arzobispo Joaquín de Santiyán y Valdivielso apoyándole en ese nuevo proyecto de acueducto.

La obra se encargó al arquitecto Juan Antonio Rovira y sería conocida como la Mina del Arzobispo. Tenía su origen cerca de Puigpelat y seguía más o menos en paralelo el trazado de uno de los antiguos acueductos romanos que abastecían la antigua Tarraco. Al año siguiente moría Santiyán pero su testimonio fue recogido por el nuevo arzobispo Fray Francisco Armanyà. Por fin, el 29 de noviembre de 1798 se producía la ansiada llegada del agua del nuevo acueducto en el jardín de Palacio Arzobispal. Ya que el arzobispo había sido el promotor de la obra, había mandado que la canalización llegara a la ciudad pasando por su residencia.

Sólo unos días después, el 3 de diciembre, toda la ciudadanía podía disfrutar de la llegada del preciado líquido en la plaza de las Cols, lo que se continuó festejando los días siguientes. En la voluntad de acercar el agua a la gente se instalaron nuevas fuentes en la plaza de la Font y se inaugurarán otros en la plaza de las Cols, del Rey, Pallol, San Antonio y Rambla de San Carlos.

Esta vez se logró la empresa con un éxito total hasta el punto que aún llega por aquel conducto una pequeña parte del agua que abastece la ciudad. Y de unos arzobispos promotores pasamos a un arzobispo mecenas. En 1883 el arzobispo Benito Vilamitjana y Vila (1879-1888) tuvo el generoso gesto de ceder la administración del agua en el municipio. Nunca la empresa municipal de aguas de Tarragona podrá agradecérselo suficientemente. En homenaje a aquel prelado se le dedicó una calle junto a la Catedral. Pero dejó de tener este recuerdo cuando su nombre fue sustituido por el más popular de calle de las Coques, haciendo caer del nomenclátor urbano el nombre del personaje que dio el agua a la ciudad de Tarragona.»

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Circo romano de Tarragona

El Circo romano de la ciudad de Tárraco (actualmente Tarragona) data de finales del s. I dC, y actualmente forma parte del conjunto Tarraconense declarado como Patrimonio Mundial por la Unesco.

Su construcción sigue el patrón típico de este tipo de obras. En este caso el circo romano poseía unas dimensiones de 325 x 110/112 m, los lados largos de forma recta, mientras los cortos de forma redondeada para facilitar el giro, vamos como una pista de atletismo actual. La particularidad de este circo es que en su mayoría fue construido en piedra por lo que actualmente se conserva parte de él, sobretodo bóvedas que forman parte de la estructura de edificios construidos más allá de la edad media.

Las mejores partes conservada en la actualidad, es justamente una parte de una de las curvas, así como varios restaurantes situados debajo de las bóvedas, concretamente en Les Voltes, donde podréis comer bajo 3 vueltas del antiguo circo, así como El Cau, restaurante/pub situado en el interior de una de las vueltas de una bóveda romana.
También se conserva en buen estado el paso subterráneo que comunicaba el acceso al circo con la gradería de todo el estadio. Vale la pena pagar su entrada para poder ver dicha parte, ya que desde el exterior no podréis disfrutarlo.

El Circo romano es una visita ineludible si pasáis por Tarragona.

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Teatro romano de Tarragona

Para desgracia para la ciudad de Tarragona, el Teatro Romano es de las cosas que en peor estado se encuentran en la actualidad que forman el Patrimonio de la ciudad. Actualmente se pueden ver muy poca cosa de este lugar dedicado al entretenimiento.

Teatro romano de Tarragona Teatro romano de Tarragona

El teatro fue construido en época de Augusto a finales del siglo I a.c. El edificio se utilizó hasta finales del siglo II, fecha en la que se abandonó su uso. En el siglo III, después de un incendio en el recinto, en la zona monumental anexa al teatro se hicieron nuevos edificios usando los materiales del teatro.

Este teatro fue redescubierto en excavaciones arqueológicas realizadas a finales del siglo XIX. Desde entonces hasta la actualidad, pasados poco más de 100 años, el recinto ha sufrido un importante deterioro en su aspecto, llegando al pésimo estado actual.

Teatro romano de Tarragona Teatro romano de Tarragona

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Casa de la «Punxa» (Cámara de Comercio de Tarragona)

Edificio señorial edificado sobre una parcela casi triangular, en el cruce entre dos grandes avenidas, que le proporciona una gran visibilidad. Fue proyectada en el año 1928, y es una de las primeras obras de Antoni Pujol Sevil. El promotor fue Juan Escorsa Soria.

La obra, de gran monumentalidad, adopta elementos clásicos y renacentistas y se caracteriza por la calidad de los materiales empleados y de los detalles escultóricos. El vértice se alza una torre cilíndrica cubierta con una cúpula cónica de pizarra, muy apuntada, de donde le proviene el nombre popular. La «puncha» está coronada por una veleta de hierro forjado.

Tipo: Edificio residencial
Período: 1911-1929
Estilo: Eclecticismo
Autor: Antoni Pujol Sevil
Situación: Avenida Pau Casals, 17 / Rambla Nova

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