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Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas

hombre y mujer Hace tiempo leí el libro “Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas” escrito por el matrimonio formado por Barbara y Allan Pease. En él nos intentan explicar de forma muy amena, las diferencias básicas entre el hombre y la mujer. Cabe decir que estoy de acuerdo con ellos, esto no significa que unos sean mejores que los otros, sino sencillamente diferentes. El libro no pretende entrar en aspectos como podrían ser los derechos, el tratamiento en las empresas, etc.., que en esos casos evidentemente el hombre y la mujer deberían ser iguales, sino más bien el hilo argumental del libro se basa en estudios científicos, antropológicos, y sociobiológicos, para desarrollar la tesis de que nos separan muchas cosas a ambos sexos.

Haciendo un resumen de lo que se expone en el libro diré que el carácter, las costumbres, y el hacer de los seres humanos, viene marcado por la evolución de la especie en nuestro planeta. El Homo Sapiens, especie a la cual pertenecemos los seres humanos en la actualidad, no deja de ser el último eslabón de una larga evolución, y porque no decirlo, un eslabón muy pequeño. Porque digo que es pequeño, por una razón muy sencilla, y es que esta especie de Homo, el Sapiens, única especie dentro de la familia Homo que sobrevive en la actualidad, tiene una edad aproximada de 12.000 años, tiempo ridículo comparado con el inicio de la evolución del ser humano desde los primates antiguos, que se puede cifrar en varios millones de años. Por lo que si comparamos tiempos, la mayoría de nuestra historia que hemos vivido en la Tierra, la hemos pasado en cavernas, y es ahora cuando empezamos a decir que “vivimos en civilizaciones” (lo pongo entre comillas porque sinceramente no me gusta mucho la expresión, pero de esta forma quizás se entienda mejor que somos unos novatos en esto de la evolución en nuestro planeta).

Pues bajo esta premisa de que somos novatos, intentan explicar la pareja de escritores el porqué de nuestras actuaciones cotidianas. Es decir, la mujer critica a los hombres por ser insensibles y descuidados, por no escuchar, por no ser afectuosos ni considerados, por no comunicarse, por no expresarles todo el amor que ellas necesitan, etc, mientras que los hombres critican a las mujeres por su forma de conducir, por mirar los mapas al revés, por su falta de sentido de la orientación, por utilizar los lavabos como salas de reuniones, por hablar demasiado sin ir al grano, etc.

Pero sin lugar a dudas lo que más me ha gustado son las explicaciones que dan los autores y que no habría prestado mucha atención hasta la lectura del libro. Extraeré dos ejemplos con las correspondientes explicaciones que dan los autores.

El primer ejemplo es ¿por qué el hombre cuando comparte la cama con la mujer, suele ubicarse en el lado más cercano de la puerta?. Antes de dar la respuesta, he de decir que yo no tengo lugar fijo en las camas, no soy de los que he de dormir en un lado o otro, duerma en mi casa o en un hotel, así que me puse a pensar donde duermo yo habitualmente, y he de decir que siempre, o casi siempre que he compartido habitación con una chica, suelo situarme, y sin pensarlo, en el lado más cercano a la salida, sea este lugar el izquierdo o el derecho del colchón de forma indistinta. Así que yo sigo, sin pretenderlo, el ejemplo que han puesto los autores del libro. La razón que nos dan estos escritores, es que el ser humano, que como ya dije anteriormente en su gran mayoría ha vivido en cuevas, se ubicaba cerca de la entrada a la cueva, para así proteger de posibles intrusos, a la familia que vivía dentro, por lo que nosotros sin quererlo hemos adoptado ese gen de protección hacia nuestras parejas, ¿machismo?, evolución diría yo.

El segundo ejemplo que os pongo y que es todavía más gracioso, es que el hombre cuando abre la nevera, es incapaz de localizar la mitad de los productos que hay dentro, y necesita minutos y minutos para poder encontrar lo que busca, mientras la mujer suele encontrar cualquier cosa solo abriendo la puerta, ¿somos ciegos?. La razón que vuelve a darnos el libro tiene que ver con nuestros antecesores. La mujer al quedarse durante el día sola en casa, ya que el hombre salía en búsqueda de comida, necesitaba tener en todo momento a sus hijos bien controlados dentro de la cueva, por lo que el género femenino ha desarrollado una capacidad en su visión que de un simple plumazo puede tener controlado todo su alrededor. El hombre al no tener que realizar esta función de control, pero en cambio tenía de ver a su presa a distancias largas ha desarrollado una capacidad innata para la localización, y porque no decirlo de orientación mucho más desarrollada que su genero opuesto. De ahí viene el título del libro, de que las mujeres no entienden de mapas, aunque hay que decir que siempre hay excepciones que confirman la regla.

Como veis estos son dos ejemplos de la cantidad que hay en el libro que intentan justificar el porque de las diferencias que a veces nos ponen de los nervios entre hombres y mujeres, y que a mi personalmente me han hecho mucha gracia, y por eso os he plasmado en este post que tenía en mente desde que me leí el libro “Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas”.