Este verano hicimos una escapada a Oslo, y allí decidimos hacer una experiencia totalmente diferente, sauna y baño en un fiordo.
La sauna estaba a unos 70 °C y, después de un buen rato de calor, tocaba salir y bañarse en el fiordo. Como dato curioso el agua del fiordo de Oslo estaba a unos 17 °C. No parece una diferencia muy grande cuando la lees, pero cuando pasas de los 70 °C de la sauna a tirarte al agua fría, eso ya es otra cuestión.

El primer contacto es un auténtico choque y durante unos segundos cuesta incluso respirar con normalidad, pero cuando sales del agua la sensación de claridad y energía es difícil de explicar.
Y eso me recuerda que toca volver a la rutina, el 1 de septiembre toca volver a trabajar y volver a las rutinas, y estos primeros días son como el choque de sensaciones experimentado en el fiordo, hasta que al final todo vuelve a la normalidad.
Y vosotros, ¿os atreveríais a pasar directamente de la sauna al agua del fiordo?




