Poemas de Amor de autores clásicos

Varios efectos de amor de Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde animoso
no hallar, fuera del bien, centro y reposo;
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.
Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es el amor. Quien lo probó lo sabe.

Amor constante mas allá de la muerte de Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte.
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevaré el blenco día,
y podrá desatar ésta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no,de esotra parte,en la ribera,
dejará la memoria,en donde ardía:
madar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán,no su cuidado;
serán ceniza,mas tendrá sentido;
polvo serán,mas polvo enamorado.

La dulce boca de Luis de Góngora

La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

¡amantes! no toquéis si queréis vida:
porque entre un labio y otro colorado
Amor está de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que al Aurora
diréis que aljofaradas y olorosas
se le cayeron del purpúreo seno.

Manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen dél que incitan ahora
y sólo del Amor queda el veneno.

A él de Gertrudis Gómez de Avellaneda

No existe lazo ya: todo está roto.
Plúgole al cielo así: ¡bendito sea!
Amargo cáliz con placer agoto;
mi alma reposa al fin: nada desea.

Te amé, no te amo ya; piénsolo al menos.
¡nunca, si fuere error, la verdad mire!
Que tantos años de amargura llenos
trague el olvido; el corazón respire.

Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
una vez y otra vez pisaste, insano…
Mas nunca el labio exhalará un murmullo
para acusar tu proceder tirano.

De graves faltas vengador terrible,
dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?
No era tuyo el poder que, irresistible,
postró ante ti mis fuerzas vencedoras.

Quísolo Dios y fue: ¡gloria a su nombre!
Todo se terminó; recobro aliento.
¡Ángel de las venganzas!: ya eres hombre…
Ni amor ni miedo al contemplarte siento.

¡Vive dichoso tú! Si en algún día
ves este “adiós”, que te dirijo, eterno,
sabe que aún tienes en el alma mía
generoso perdón, cariño tierno.

Cayó tu cetro, se embotó tu espada…
Mas, ¡ay!, ¡cuán triste libertad respiro!
Hice un mundo de ti, que hoy se anonada,
y en honda y vasta soledad me miro.


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